Las obras de arte pueden representarnos hechos o situaciones antiguas pero, si están bien definidas, sus mensajes tienen total actualidad. En algunas nos encontramos la perpetua búsqueda de un mismo aliciente, (la perspectiva, la luz, las jerarquías…) y vemos cómo cada época fue capaz de resolver a su modo esos planteamientos. Soluciones que hoy nos sirven para definir las épocas en las que se formularon. Siempre han habido dudas recurrentes que se siguen planteando. En cada época se intentan resolver de acuerdo con las coordenadas culturales entonces en boga.
La fruta siempre ha sido un sinónimo de riqueza, bienestar
y éxito. Hoy mismo decimos que una idea fructifica para demostrar que tiene
éxito y la frase “por sus frutos los conoceréis” utiliza la palabra frutos como
sinónimo de logros.
En las artes figurativas los frutos tienen su significado
a lo largo de estilos diversos. Las diosas griegas aparecen con frutas en sus
manos, mientras Eva intenta seducir a Adán con fruta. En el Renacimiento, las
frutas aparecen como conjuntos de piezas de naturaleza diversa acopiadas en
cornucopias que reposan en mesas, credencias, repisas u otros lugares, siempre
como oferta a los protagonistas de las escenas que se representan en la obra de
que se trate, sean sabios filósofos, académicos o lo que sea. Tienen los frutos
como ofrecidos a su disposición, tal vez como reconocimiento implícito a su
singularidad.
Me entretenía reflexionando sobre estos temas mientras
paseaba por el claustro de nuestra catedral. Un claustro que, la verdad, nunca
me ha gustado mucho por la sensación de grandiosidad que quiere presentar a
quien se adentra en él. Me gustan más los que definen ambientes de intimidad
sin pretendidas amplitudes, elevadas arcadas y bonitas perspectivas de las
torres.
Un claustro cuyo diseño salió del estudio del arquitecto
compostelano Fernando Casas Novoa. Sí, el de
Fue una época feliz la construcción lucense. Domingo de
Andrade, autor del campanario de
Por cierto, no recuerdo haber visto aparatos antiincendios
en ese lugar, siendo el retablo de madera de más de 200 años y andar con velas
encendidas a todas horas a su alrededor.
Pero volvamos al claustro, pues hay en él unos ornamentos
que siempre me han gustado. Son las guirnaldas de frutos que cuelgan a ambos
lados de las puertas. Hay quienes dicen que son detalles barrocos presentando
frutos de la tierra. Tienen razón, pero creo que se quedan cortos en su
explicación. Estos arquitectos edificaron para mayor gloria del Apóstol y en
sus obras quieren simular como si las antiguas cornucopias, las tan frecuentes
en el Renacimiento y en el Barroco, hubiesen girado un poco como para derramar
desde el cielo los frutos que antes aparecían como promesa, ahora realidad, gracias
al Apóstol.
Siglos más tarde, seguimos viendo esos frutos gracias al
Apóstol y cómo los Años Santos, ahora llamados Xacobeos, significan una buena
inyección de beneficios en los Caminos que llevan hasta su santuario.

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ResponderEliminarSiempre me inquieto el tema de las frutas y los bodegones,en casa tengo uno de un tal Del Rio,catedrático de dibujo no se si te suena,y otro pintado por mamá,es apasionante,el tener una explicación al por que ver tanta pintura de bodegón en distintos sitios y situaciones,gracias Emilio,besos en casa.
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