Paseo por el parque Rosalía de Castro. Silencio roto, a veces, por gritos lejanos infantiles. Niños que juegan. El cielo está con ese azul que alegra verlo, ese azul que añoramos cuando no está. De pronto, suena una campana. Más bien son varias campanas las que lo hacen pues distingo tonos graves y agudos simultáneos. Comprendo, es la procesión y las campanas me lo indican.