viernes, 2 de enero de 2026

Música en la calles - Publicado el 2, enero, 2026

Me gustan las calles de zonas antiguas en Europa (Lugo también es Europa). Muchas de ellas, si son de la zona antigua, suelen confluir en su iglesia principal o en su catedral. Son bonitos los paisajes urbanos que nos muestran callejas orientadas a una torre. En Lugo tenemos algunas que reúnen esta condición: la del Obispo Basulto, la del Miño y algún tramo de la Rúa Nova. La Rúa María Balteira deja ver más de una torre.

Si llegamos a alguna de las ciudades que tienen catedral, casco antiguo y sentido histórico, podremos deleitarnos con el sonido de las campanas que, vaya a saber uno la causa, llaman o avisan a los fieles.

El sonido de campanas está considerado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. No obstante, en Lugo las campanas no suenan. Desconozco el motivo, pero recuerdo algunos casos de carillones montados por alguna institución financiera o por alguna parroquia que, al poco, tuvieron que callar sus campanas debido a quejas anónimas en el sentido de que los sonidos perturbaban los ánimos o impedían los sueños.


Desconozco si se buscaron medidas de conformidad, como horarios de servicio, volumen de los tañidos o, incluso, ver las causas concretas de las quejas y buscarles solución. Creo que impedir los tañidos es una pérdida patrimonial en la población.

Antes hubo más conocimiento de las campanas y el significado de sus tonos. Formaron un eficaz medio de información. Cuando se quería transmitir una buena noticia, las campanas tañían con toques rápidos y agudos, se llamaba repicar. Si se trataban de noticias malas, los toques eran lentos y graves, las campanas doblaban. Si se preveía un suceso grave, el toque era a rebato, fuerte, grave y muy seguido. Con  el toque a rebato se llamaba a los campesinos que estaban fuera de murallas, para que volviesen dentro, a su abrigo. Hoy todo eso ha quedado muy superado, pero es una riqueza patrimonial que recuerda situaciones ya pasadas.

Paseando por nuestra ciudad en estas fiestas, la encuentro triste, silenciosa y callada. Echo en falta los villancicos ambientando calles. Tal vez los últimos años fueron muy repetitivos los coros infantiles, siempre agudos, muy conocidos y a veces pesados. Pero hoy hay amplias ofertas de música navideña, no necesariamente cantada, que nos recuerdan el tiempo que vivimos. Lejos del tópico de que son fiestas para niños, hay muchas canciones navideñas cantadas por voces adultas y también muchas versiones orquestales que gusta volver a escuchar. Me entristeció el silencio de la ciudad.

No me refiero a coros. No fue raro encontrarse con alguno que entonaban villancicos en lugares ciudadanos concretos. Siempre hubo quien se paró a escucharles, otros siguieron sus caminos, si bien la canción llegó a los rincones de los lugares en que cantaban. Llenaron de nostalgia navideña muchos corazones y lugares de la ciudad.

Recuerdo, hace muchos años, que en vísperas del día de Reyes se echaban a la calle grupos de niñas pequeñas, vestidas con traje regional que cantaban “os Reises”, que eran villancicos acompañados por los sones de sus panderos. Al terminar, se les daba un aguinaldo y solían ofrecerse a mujeres aparentemente pudientes. No sé si les resultaba económicamente el estar todo un día cantando y suplicando un aguinaldo. Con el tiempo dejaron de cantar, pero siguieron pidiendo su propina a cambio de nada. Llegaron a desaparecer.

Nos hemos quedado mudos, tal vez. También es muy posible, y deseable, que se vuelva a plantear la pertinencia de propiciar el ambiente navideño contribuyendo a la presencia de música adecuada en las calles.

3 comentarios:

  1. Chema Alonso está de acuerdo con mi Querido profesor,poco cuesta desde celular syuntamiento o la diputación,con la tecnología que tenemos,programar unos villancicos,que pongan suegrita en estas fechas,señaladas,lo de las campanadas mu ho presumir de que somos patrimonio de la humanidad,lo siento no se nota......

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  2. Sexa o tema que sexa, sempre nos enriquece a lectura destas entradas no blog. Neste caso sobre as campás. O son delas acompañounos moito tempo. Na miña aldea seica teñen que amañalas e eu vinme obrigada a poñer a condición de que prometan tocalas para axudar no pago do arranxo. Nestes tempos, se non pode facelo un humano, entendo que se poden automatizar... pero xa está ben de non utilizalas e telas unicamente de adorno.
    Moitas grazas, Emilio porque, ademais de culturizarnos, dásnos a oportunidade de comentar o que sentimos ante os temas que nos achegas.
    Ti, dalgunha maneira tocas as campás para todos nós.
    Bo ano! Moita saúde!
    Pilar

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